Me llamo Alea por empeño de mi padre. Para mí, el mejor regalo que ha podido hacerme. Soy de Madrid y muy madrileña, aunque toda mi vida he cultivado mis raíces segovianas a través de los pueblos de mis padres.

Empecé teniendo rizos castaño oscuro y he acabado siendo rubia de ojos verdes. Para mi abuela empecé siendo fea por tener pecas y he terminado siendo preciosa. Y mi abuela nunca miente.

Empecé soñando con ser sevillana. Después, “cambié de tema” para ser peluquera y astronauta. Tras un proceso de autocuestionamiento metafísico sobre aspectos como el cálculo aéreo o cuántas miradas caben en un cuadro, las calles y barrios de Madrid, con el contrapunto rural de Santiuste de San Juan Bautista, han moldeado mi carácter y cinco años en Salamanca lo terminaron de pulir. Y así, sin darme cuenta, he terminado siendo músico, pianista, profesora, gestora cultural y cantante siempre que ha habido ocasión, desde el baño de mi casa hasta Voces del Más Acá.